Monday, May 24, 2010

Soliloquio Citadino


En la ciudad se nos agotan las posibilidades
de marcha. Pasos consecutivos gemelos del tiempo.
Mi alma colocada entre una pira de
neumáticos prendidos con parafina.
Y arde, no sé si encontraré el frío que me dé
una noche larga para enfrentar los miedos
con toda la desesperación que me impone el tiempo.

Las infinitas marcas en el empedrado
me indican que los soliloquios se acabaron
por hoy.

Alguna vez creí en los avisos publicitarios,
sí, cuando aún comía fruta artificial
y miraba las noticias todos los días.
Pero los años me hicieron ambicionar retos
a la memoria y a mi capacidad de ser feliz.
Y fue mi culpa que él me dejara, fue mi
incapacidad de trenzar el día y el día
con el pequeño esfuerzo de la pequeña sonrisa
y sincerarme tras una noche de desvelo.

Cuando a las tres de la mañana
no quedan cigarros y lo restante
es consecuencia de la epifanía precipitada.

Trenzar el día y el día y el día y el día y el día
y las cosas nimias y la micro y los gritos
y el día y el día y las advertencias de desvío
y el día y el día y el día y la comida vencida
y el día. Y la noche.

Se acabaron los soliloquios por hoy.//

1 comment:

Melvin Pointdexter III said...

Y el día. Y la noche.

^^

Besos.

tqm.