Wednesday, May 12, 2010

Runaway

Yo a veces dibujé estrellas en el piso

con tiza y me encerré adentro

tardes enteras.

Nadie era el centro incandescente. No.

Erraban pájaros de otros cosmos a mis pies

que en su épica me regalaban palabras neutras

y el sol me daba en la espalda cuando hacía frío.

El estoicismo persistió hasta

que hice un pacto con la memoria.

Alcanzaba para sonreír la milésima

reverencia del estío. Compleja, sonrío.

La estrella nunca pareció aflojar

sus límites, yo era la dueña de un buen

trozo de tiempo. Pero reiteraba y oraba

sus cuidados a mi silueta alienada, como

rogando hasta la llegada del verano.

Vi entonces gente bailando bajo la lluvia

pero la estrella no me dejó ir.

Orquestas megalómanas encendiendo

artificios de pentagrama, pero la estrella

no me dejó oír. Entre las pocas cosas

que encontré entre el desgaste iluso de la piel

encontré un hacha. Me batí con el aire

para escapar del delíneo delirio de mi espacio

y luché.

Luché y a veces era mi propio dolor

el presente. Como autoextinta.

Luché y estaba viva.

Luché y estaba viva.

Y al final el aire sin usar se abrió ante mí

como un designio dantesco. Átomos sin usar.

Lejos corrí hacia donde bailaba la gente

y bailé con ellos sellando el pacto tangible

y real

de lo pequeño.

Vivo en mímica con el resto del mundo.//

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